Estar vivo
A un escritor le viene bien no hacer nada. O al menos de hacer algo que no requiera pensamiento activo: ni escribir, ni leer, ni editar, y definitivamente no hacer marketing. En cambio, la misión es pasear y observar. Como un pájaro que planea pacientemente en el aire, mirando desde lo alto y dejando espacio para que la vida pase.
Como escritor, debería estar haciendo nada lo más posible. Pero me cuesta, porque, como la mayoría, tengo que lidiar con la vida: el coche averiado, el baño sucio, el dolor de muelas, la gotera. Hay que pagar los impuestos, regar las plantas, preparar la comida y llamar a los padres. Otro curso, otro libro, otra sesión; vision boards y una planificación constante de las vacaciones.
Tanto hacer, tan poco ser.
Cada vez es más común oír hablar de autores independientes que escriben y publican diez libros al año, a veces hasta cincuenta. Y claro, esto solo es posible gracias a la inteligencia artificial. Pero se trata de una nueva realidad: escritores hiperproductivos que añaden millones de libros a un mercado ya saturado.
¿Quién va a leer todo esto?
De vez en cuando me pregunto si debería seguir escribiendo. Ya se ha dicho todo muchísimas veces y de innumerables maneras. ¿Qué sentido tiene? Ya tenemos todos los libros que necesitamos.
A nivel personal, sí hay un sentido: disfruto escribiendo y compartiendo historias. Pero cuando observo nuestro mundo sobreestimulado y acelerado, con sus miles de millones de personas estresadas y cada vez más agotadas, que no paran nunca y dan vueltas en círculo, pues lo que rápidamente se hace evidente es que más no puede ser la solución.
Menos, tal vez.
Más lento, más cálido.
Un poco más sabio.

Podría ser tan sencillo : bajar el ritmo, estar presente y observar todo con la mayor ecuanimidad; elegir lo orgánico en lugar de lo artificial y lo humano en lugar de lo inteligente; ser siempre agradecido y amable. Pero la verdad es que la vida rara vez funciona así. En el torbellino de la supervivencia diaria, tendemos a olvidar lo que realmente importa.
Al final, quizás se pueda resumir así: el hecho de que estemos vivos en un pequeño punto azul es un milagro.
Todo lo demás es ruido que distrae.




