El verdadero poder
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En enero cumplí 50 años. Tengo una pequeña colección de libros del Pequeño Buda y una buena colección de discos. Una esposa hermosa, una hija hermosa, hermanas hermosas y amigos hermosos. Es mucho, pero eso es todo. No tengo casa propia, ni grandes ahorros, ni ganas de vender mi alma. A veces me siento impotente.
El 4 de julio de este año, Estados Unidos cumplirá 250 años. Si bien no es estrictamente un imperio, ha sido la fuerza dominante en el mundo durante mucho tiempo. Considerando sus 750 bases militares en más de 80 países y sus vínculos con las poderosas empresas tecnológicas, es difícil imaginar que su dominio vaya a cambiar pronto.
Si analizamos la historia, todos los imperios parecieron invencibles en su momento. Los romanos, con su vasto ejército, su infraestructura pionera y su decadencia sin límites; los españoles, con su poderío naval y sus toneladas de plata robada; los abasíes, con su álgebra, su sabiduría y su comercio de esclavos. ¿Qué tenían todos en común?
Todos los imperios han llegado a su fin. Primero, porque todo tiene un final (véa Abrazando el cambio, la tercera parte de la serie El Pequeño Buda, publicada recientemente). Pero ningún imperio murió de un día para otro. Existían ciertas condiciones que permitían que un golpe final provocara su colapso. Al observar los acontecimientos del pasado, emerge un patrón:
Una élite gobernante se apodera de una porción cada vez mayor de los recursos → los contribuyentes comunes se ven perjudicados → el imperio puede seguir pareciendo rico, pero el estado se empobrece → la gente deja de creer que quienes están en el poder les sirven → llega una conmoción externa o ambiental → el sistema debilitado no puede absorberla.
¿Te suena familiar? En efecto, estamos viendo cómo se repite el mismo patrón ante nuestros propios ojos. Estados Unidos paga tres mil millones de dólares en intereses sobre su deuda - ¡cada dia! La gente común necesita tres trabajos para pagar el alquiler, mientras que los multimillonarios juegan 'a ver quién tiene el cohete más grande'.
El dominio estadounidense podría prolongarse unos años o incluso décadas, pero las grietas en el imperio son cada vez más evidentes. Cada día, menos personas creen en la grandeza de Estados Unidos y en la promesa de un final feliz que ofrece Hollywood. Así, mientras Occidente, con su mentalidad orientada a Estados Unidos, se considera una sociedad superior y avanzada, en realidad se repite el mismo ciclo primitivo. La principal diferencia con otros imperios tiene que ver con la tecnología: básicamente somos romanos con drones y móviles.
En el ser humano se observa un patrón muy similar. La muerte por cáncer e insuficiencia cardíaca suele ser consecuencia del estrés, pero no su causa. El estrés se ha convertido en la nueva pandemia: no hay tiempo para cocinar bien ni para escuchar al vecino; no hay tiempo para descansar, recuperarse, sentarse, contemplar las estrellas y simplemente estar. Y una cosa es segura: el estrés crónico, ya sea en un imperio o en un ser humano, debilitará todo el sistema.
Existe un ciclo de nacimiento y muerte que rige todo lo que existe: personas, reinos y planetas. No podemos hacer nada al respecto, salvo aprender a aceptar con serenidad lo que es. Sin embargo, dentro de este ciclo inevitable, se nos brindan oportunidades para aprender a cultivar la fortaleza y la felicidad. A lo largo de la historia, muchos santos y gurús nos han dicho qué es importante, pero los principales desafíos siempre han sido los mismos: respetar la diversidad, vivir el presente y amar la vida que se nos ha dado.
Sin embargo, hay algo que a menudo se olvida a la hora de mantener un sistema saludable, ya sea en un país o en una persona. Y es la necesidad de actuar de forma amable y suave con uno mismo.

Estar estresado todo el tiempo no es ser suave.
Crecer demasiado rápido no es ser suave.
Luchar contra uno mismo no es ser suave.
La falta de suavidad también se refleja en la mayoría de los tratamientos médicos modernos. Estos se basan en el principio de "anti": antiinflamatorio, anticancerígeno, antidepresivo. Si bien muchos de estos tratamientos son bienvenidos, especialmente en situaciones de riesgo vital, no deberían ser la primera opción. La prioridad debe ser crear un buen equilibrio dentro del organismo para que sea resiliente. Sin embargo, con demasiada frecuencia, se recurre a medidas drásticas para intentar recuperar el control cuando uno se encuentra estancado.
Los imperios y los países también caen en esta trampa, al igual que los seres humanos. Pensemos en el uso de la violencia por parte del ICE contra ciudadanos estadounidenses; la represión policial alemana contra manifestantes propalestinos; los recortes del presidente argentino a la educación y la sanidad públicas; etcétera etcétera. Resulta difícil encontrar acciones suaves en 2026. ¿Es de extrañar, entonces, que las democracias se estén erosionando?
Soy un Capricornio múltiple, y los Capricornio son conocidos por su incapacidad para relajarse. Si existiera una disciplina olímpica de caminatas empinadas y autocrítica, los Capricornios ganarían todas las medallas. Hasta ahora, en mis 50 años de vida, no he logrado ser verdaderamente suave conmigo mismo. Pero cada vez aprendo más lo importante que es, y lo inútil que es intentar resistirse.
La fuerza endurece, y las cosas endurecidas se rompen.
La suavidad es el verdadero poder.




